domingo, 31 de marzo de 2013

Los hechos oníricos


La nave de los locos - El Bosco

A los que sueñan despiertos.

“Cuando nuestra atención está enfocada hacia la profundidad de nuestro interior, en el contexto de la totalidad de nuestra vida, entonces logramos que los recursos para un conocimiento profundo de nuestra existencia se hagan accesibles” Ira Progoff

El abordaje del mundo onírico ha sido motivo de curiosidad para los seres humanos desde remotos tiempos. Los sueños y todo aquello que les rodea,  siempre han creado una distorsión simbólica en las circunstancias materiales en las que vivimos. Por sueños y auspicios se han hecho guerras y se han cometido crímenes, se han construido catedrales y se han destruido palacios y fortalezas. También se han creado dioses, se han  alzado santos a los altares, se han derrocado reyes y se han hecho revoluciones.

Goya, nos legó en Los Caprichos que los sueños de la razón producen monstruos y Calderón de la Barca nos dijo que la vida es sueño. El Somni,  sirvió a Bernat Metge para hacerse preguntas sobre la existencia, ante el rey Juan I. En El Sueño de una Noche de Verano, William Shakespeare entreveró fantasía y realidad en el atanor de su ingenio, para legarnos un mundo ampliado, tal vez virtual. De  Los Sueños nos habló Quevedo, pero también Jacob y Freud, ambos hebreos. Jesucristo, Mahoma, Buda, Vishnu y Zoroastro también soñaron, de sus sueños se forjaron creencias. Gandhi soñó con una India libre y Mao Tse Tung con una China ordenada, Martin Luther King con una américa tolerante y equitativa. A Jefferson le gustaban más los sueños del futuro que la historia del pasado. Julio Cesar y Alejandro Magno soñaron con un imperio. Julio Verne soñó con un viaje a la luna y otros, lo hicieron posible. Pero posiblemente también han soñado La Bella Durmiente y Peter Pan, así como todos aquellos que han deseado soñar más allá de la realidad que les concierne, más allá del tiempo que les atrapa. Borges nos dijo que los sueños eran la forma estética más antigua, pero sin duda, también la más provechosa.

Los hechos oníricos, son precisamente esos sueños que se fueron haciendo realidad a lo largo de la historia humana, pero también los que no se lograron, los que se quedaron en el camino, los que se perdieron y los que se olvidaron. Soñar es una forma de ampliar la vida más allá de los muros de lo cotidiano, se podría decir que es una “desconexión” de los hechos, para vivir otras circunstancias no ceñidas a las leyes del espacio-tiempo y del sentido común. Los hechos oníricos no necesitan ser reales, materiales, objetivos. Son hechos por su existencia misma, no por su presencia física, material o pública. Los sueños son hechos íntimos que no necesariamente han de ser compartidos.

Gaston Bachelard, nos habló del derecho a soñar como la última frontera del ser humano, nos dijo que la tarea de los poetas es desanclar en nosotros una materia que quiere soñar. Fernando Pessoa nos dijo que el poeta era un soñador, que sueña tan completamente, que hasta sueña que es dolor, el dolor que en verdad siente. Ninón de Lenclos, nos advirtió de que cuando nuestros sueños se han cumplido es cuando comprendemos la riqueza de nuestra imaginación y la pobreza de la realidad. Alfred Adler nos dijo que en el sueño se revela en forma simbólica el problema vital de un individuo.

No sé si la vida es sueño, pero estoy seguro de que los sueños son vida, vida interna, de deseos e ilusiones, de miedos y esperanzas, de riesgos y silencios. Pasiones no alcanzadas, razones no encontradas. Sensaciones que construyen otra forma de inteligencia de lo que somos y hacemos, pero también de lo que no somos ni hacemos. Los sueños son la sombra de nuestra conciencia deformada por la iluminación de la realidad como una silueta de lo imposible, pero también de lo posible.

Sin sueños no habría paraísos, ni cielos, ni infiernos, ni quimeras, ni utopías. La vida sería gris, metálica, ortodoxa, mediocre, cenicienta, no sería vida, sería otra cosa. Los sueños son el combustible de la plenitud vital en la caldera de la existencia. El antídoto de los temores, la puerta de la fantasía, el recuerdo del futuro y la nostalgia del pasado, lo que no es, siendo. Soñar es hacerse y deshacerse para ser o no ser. 

Si respiras y te alimentas para seguir existiendo, nunca te olvides de soñar para que tu existencia pueda ser realmente una vida plena y tú, un ser humano complejo y completo. No permitas que nadie sueñe por ti. Sé libre, atrévete a soñar, sé humano, lucha por tus sueños. Tus sueños te harán lo que realmente eres, porque tus sueños, al igual que tus genes, te distinguen de los demás seres humanos concediéndote una identidad propia y diferente a todas las demás identidades, ofreciéndote una renovación del auténtico significado que contiene la vida, a medida que esta se va consumiendo con los años.

Enrique Suárez Retuerta

1 comentario:

Mari Paz Rodriguez Argüelles dijo...

Estoy totalmente de acuerdo....si perdemos la capacidad de soñar con ello perdemos como una parte de nosotros la cual desarrollamos soñando¡¡¡vivan los sueños que no acaben nunca¡¡¡